Mi principal adversario a vencer fue el frìo de la ciudad; definitivamente querìa acabar conmigo. Salir era un suplicio. Por eso mi intenciòn era la de permanecer el mayor tiempo que pudiese en casa, pero como eso no era posible, decidì aplicar el viejo refràn aquel de que "para la mordedura de perro, pelos del mismo perro"; baños con agua frìa y salir a las actividades diarias bien temprano en la mañana, fueron el mejor remedio.
Se empezò a agrandar el cìrculo de amistades con los compañeros de la universidad, algunos vecinos y otras amistades de Chavita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario