lunes, 22 de octubre de 2007

Mis primeros años II

Mi principal adversario a vencer fue el frìo de la ciudad; definitivamente querìa acabar conmigo. Salir era un suplicio. Por eso mi intenciòn era la de permanecer el mayor tiempo que pudiese en casa, pero como eso no era posible, decidì aplicar el viejo refràn aquel de que "para la mordedura de perro, pelos del mismo perro"; baños con agua frìa y salir a las actividades diarias bien temprano en la mañana, fueron el mejor remedio.
Se empezò a agrandar el cìrculo de amistades con los compañeros de la universidad, algunos vecinos y otras amistades de Chavita.

sábado, 20 de octubre de 2007

Mis primeros años

Corría el año 1976 cuando comencé mis estudios superiores en una ciudad totalmente diferente a aquella de donde era oriundo; de la provincia a la capital; de un colegio privado a una universidad pública; de un clima extremadamente caluroso a otro extremadamente frío; de un sitio con muchos amigos a otro donde no conocía prácticamente a nadie. La primera persona con la que hice contacto allí fue con Isabel Triana Cortés, llamada cariñosamente Chavita, una señora bogotana, cuya edad siempre fue un misterio para mi, nunca develado, aunque a la sazón aparentaba no menos de sesenta y cinco años, cabello corto blanco bien cuidado, una estatura aproximada de 1.55 m y una bronquitis crónica secuela de su adicción al cigarrillo en sus años juveniles. Vivía en uno de los barrios tradicionales de Bogotá, Teusaquillo, en la calle 32.

Mis primeros años como Universitario

Iniciando el año de 1976 comienzo mis estudios superiores en una ciudad totalmente diferente a aquella de donde era oriundo; de la provincia a la capital, de un colegio privado a una institución pública, de un clima extremadamente caluroso a uno extremadamente frío, de una plaza con muchos amigos a otra donde no conocía prácticamente a nadie. Con la primera persona que hice contacto y con la cual compartiría mis primeros años de estas experiencias, fue Isabel Triana Cortés. Una dama bogotana cuya edad siempre fue un misterio para mí nunca develado, aunque a la sazón aparentaba no menos de sesenta y cinco años, cabello blanco bien arreglado y aproximadamente 1.55 m de estatura; padecía de una bronquitis crónica, secuela de su adicción al cigarrillo ya dejada atrás. Vivía alquilada en una casa del tradicional barrio Teusaquillo de Bogotá por la calle 32.

Continuará.

Experiencias de la Vida Universitaria

Una de las etapas que marcan una huella profunda en el diario existir personal es definitivamente, nuestro paso por la universidad. Quienes hemos tenido este privilegio, podrán constatar y estar de acuerdo con esta afirmación, mientras su mente retrocede unos cuantos años para evocar los momentos vividos en el Alma Mater: algunos, en su propio terruño o lugar de nacimiento; otros tuvimos que dejar por tiempos intermitentes nuestras familias y amistades para desplazarnos a otras ciudades del mismo país; y en el último caso, viajar a países extraños, para completar nuestra preparación profesional.
Como ya es de suponer, en mi caso particular, mis horizontes se proyectaron fuera de mi ciudad natal pero dentro de mi país. Corría el año de 1976 cuando inicié mis estudios de Medicina Veterinaria en la Universidad Nacional de Colombia, en su sede principal en Bogotá. Fue un año difícil este y los venideros, debido a la convulsión política que sufría el país en aquella época.
Continuará.